Koh Rong: una isla que atrapa

Koh Rong: una isla que atrapa

(O quizás: Koh Rong, una historia de magia y amor)

Me enteré de que Koh Rong era una isla que atrapa cuando mi amigo Andrés me contó que había decidido quedarse a vivir ahí por unos cuantos meses. Era el sueño del pibe: vivir en una isla paradisíaca, trabajando en un bar a la orilla de la playa que te da techo y comida. Nada más ni nada menos. (Estoy preparando un post sobre esto).

Llegué a Koh Rong algo apurada, sabiendo que mientras más días estuviera en Camboya, menos días podría estar en Vietnam o en Laos. Aún así decidí quedarme una semana (8 días, 7 noches) para disfrutar de las bondades del lugar y aprovechar el reencuentro con mi amigo de la vida. El plan era que si no me gustaba la isla o no me sentía cómoda, me iría más temprano, y listo.

Koh Rong

Amanecer en White Beach

La vida continuó, los días pasaron y de repente me veo mirando sorprendida el calendario ya que mi semana en la isla había volado y yo no me había dado cuenta. Maldita sea, Koh Rong me había atrapado y me tentaba a quedarme una semana más. Pero no. Finalmente, me fui con la cabeza gacha y el corazón en la mano, asumiendo que mi viaje debía continuar. Lamentablemente, no podía hacer como mi amigo Andrés y quedarme viviendo ahí, aunque quisiera.

La Magia de Koh Rong.

Esta isla ubicada al sur de Camboya, a unas dos horas en ferry desde Sihanoukville, se ha convertido en la parada obligada de un montón de jóvenes turistas que buscan descanso y fiesta. Su poblado más grande, Koh Tuich, vive del turismo y alberga un montón de guesthouses, restaurantes y bares. Porque en Koh Rong no hay mucho más que hacer: vas a la playa, haces un trekking para ir a otra playa, te tumbas a comer o te tumbas a tomar.

Su magia está en su gente. En Koh Rong verás a decenas de extranjeros trabajando en los restaurantes y bares, quienes, al igual que mi amigo Andrés, decidieron quedarse por una temporada -o más- disfrutando de los encantos de la isla. Ellos te reciben felices y te invitan a dejarte llevar por el día o la noche. Asimismo, los pocos camboyanos que también trabajan para el turismo han aprendido inglés con esfuerzo y se esmeran en darte un buen servicio. «See you soon», te dicen siempre.

Koh Rong

Mediodía en Koh Rong

Sus playas son encantadoras y durante el día siempre hay una más bonita que la otra, y una más desierta que la otra. Durante la noche, puedes tomar un tour de bote e ir a nadar con el plancton que reluce tras cada movimiento. Un espectáculo único.
Acá no hay tuk tuk drivers que te persiguen, porque no hay calles. Acá no hay venta de artesanías ni souvenirs, no hay «buy something please». Sólo hay paz y amor para todo el mundo.

Yo y Koh Rong, un amor a primera vista.

Llegué a la isla con una tormenta insospechada, pero aún así me enamoré a primera vista de lo apacible que se veía. Los días siguientes fueron todos o gratamente soleados, o nublados con llovizna, pero siempre muy amables. No podía dejar de mirarla y apreciar su horizonte. Era la isla más bonita que había visto en todo mi viaje.

Hice amistades con los chicos del bar Ankounamatata, donde trabajaba mi amigo Andrés, y ahí me refugié la mayoría del tiempo cuando no estaba en la playa o comiendo en algún mini restaurant. Estando ahí, la isla me seguía entregando su cariño, absorbiendo mi mirada en sus juegos de luces cuando los chicos hacían el show de los fuegos. En tres días yo ya había caído en sus redes.

Koh Rong

Show de Fuegos en la playa

No me di cuenta cómo pasó el tiempo. No conté los días y casi no escribí. Me la pasé durmiendo en la playa, comiendo y viendo a la gente pasar. De un día para otro había una comunidad de chilenos y latinos que hicieron todo más divertido. Los chilenos más simpáticos que me he topado en todo el viaje. Ellos también habían sido atrapados: «vine por dos días y ya me estoy quedando cuatro», decía Javier, un temucano lindo que conocí en Tailandia y que me reencontré por casualidad en Koh Rong.

Lamentablemente, para mí Koh Rong fue un amor de viajera y nada más. Sabía que el momento de la despedida tenía que llegar y a pesar de eso me costó asumirlo. Le dije adiós acongojada, pensando en cómo sería mi estancia si me quedaba una semana más, sólo una semanita…

Koh Rong

Snorkeling durante un day trip en bote

No se la pierdan.

Queridos lectores. Si van a pasear por Camboya dedíquenle un par de días a esta isla mágica. De seguro recargarán sus energías viajeras con la buena vibra que tiene. Y vayan luego, porque en unos años más se acaba el brillo (están construyendo un aeropuerto y un casino, se va a ir todo a las pailas).

¿Qué hacer? No se pierdan Long Beach y el snorkeling con el plancton al anochecer.

¿Qué comer? Si quieren comida western prueben las pizzas del Bamboo, el panini ratatouille del Koh Lanta y los crepes banana-nutella del Ankounamatata. Si buscan ahorrar comiendo comida Khmer, vayan donde las tías del Chai Family, que te dan gratis un tecito con cualquier plato que pidas.

¿Dónde dormir? Para alojar, la opción número uno es el Happy Elephant, moderno, cómodo y limpio, a 10 dólares la doble con baño privado.

Koh Rong

Happy Elephant Guesthouse

Y bueno, si no los he convencido de visitar esta isla, entonces puedo tirarme por un puente. No, broma. Cuéntenme qué les parece. ¿Ya estuvieron por allá? ¿Se quedaron con la misma sensación que yo? ¿Será que las experiencias son diferentes si vas en temporada baja o alta? ¿O con mucha lluvia?

Si quieren reservar un tour por otras ciudades de Camboya, como Siem Reap y Nom Pen, puedes entrar a este enlace.

Espero sus comentarios, como siempre. ¡Un abrazo, lectores! ¡Hasta la próxima!

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Comments (6)
  1. Nikki julio 29, 2016
  2. flashpackersporelmundo julio 17, 2017
    • La Nico julio 17, 2017
  3. Sergio agosto 2, 2017
    • La Nico agosto 4, 2017

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Viajando Lento por Nicole Etchart Opitz se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.