Una historia en Galápagos

Una historia en Galápagos

(Por Consuelo García, de la serie de Autores Invitados)

Una historia en Galápagos: Conocí a la Consu a través de Aiesec. Trabajamos juntas y el tiempo y las afinidades nos llevaron a ser amigas. La Consu fue uno de mis apoyos fundamentales cuando estaba partiendo con el blog, cuando aún era secreto y cuando yo todavía tenía miedo de contarle mis historias al mundo.

Cuando me contó que se iba a las islas Galápagos (como consecuencia de un wanderlust terrible), en seguida le propuse que sea parte de mi serie de autores invitados. Primero porque es un destino que me encanta pero que sé que no lo haré en mucho tiempo más. Y segundo porque me atraía la visión que ella podría tener al respecto. Es que la Consu es más armada que yo. Menos loca. Más consciente. Más tranquila.

Así que aquí los dejo con su relato. Esperando que les agrade y pueda ayudarles a resolver dudas si están planeando darse una vueltita por ahí.

Historia en galápagos

Ahí estamos las dos, muchos años atrás

Una historia en Galápagos.

Hace mucho tiempo prometí escribir mi experiencia en Galápagos a la Nico. La verdad es que he estado con varias cosas y como trabajo todo el día frente al computador, evito todo lo posible seguir frente a esa maquinita que me tiene los ojos cuadrados. Sin embargo, ya me estaba penando no cumplir con mi palabra. Así que luego de dos meses les comparto mi historia. Espero poder hacer justicia a los post de la Nico, ya que carezco de talento literario, pero la intención es lo que vale. Para que se hagan una idea, les contaré cómo llegué a este blog, cómo se gestó el viaje, cómo lo preparé, el viaje en sí mismo y tips luego de la experiencia. Bueno, la historia empieza así: conozco a la Nico gracias a AIESEC hace unos 5 años (¡¿puedes creerlo, Nico?!). Así que nos entendemos bastante bien, sobre todo en temas de desarrollo personal y VIAJES.

Mi excusa

En fin, hace un tiempo andaba con un “wanderlust” terrible. Es una sensación similar a la que da cuando quieres comer algo rico, pero no sabes qué. Bueno, yo estaba así, con ganas de salir, no tenía claro dónde, pero quería salir. En ese mismo momento aparecieron las ofertas de LAN -cochino y sensual LAN con sus ofertas-. La oferta de Galápagos solo aumentó mi wanderlust. En general, soy súper reservada y tiendo contar las cosas cuando ya están hechas. Sin embargo, sabía que la Nico andaba en las mismas, solo que ella estaba mucho más avanzada que yo preparando su tremendo viaje y armando su blog. Aprovechándome de las circunstancias, le conté. De hecho, fue ella quien me incentivó a viajar ¡¡¡Gracias Nico, te adoro!!! …y de paso le prometí este post. Es así como llegué aquí.

Mi wanderlust se gestó por despecho. El despecho por no ganarme una beca para irme a estudiar fuera. Para consolarme (pooobre de mí) decidí viajar, pero ¿¿dónde?? Hacía un tiempo que había visto Galápagos, pero muuuuy a lo lejos, algo así como un “nice to have”, pero no dentro de mi lista de lugares por visitar al menos una vez en la vida. Esto hasta que vi las ofertas y me di cuenta que es un lugar asombroso, lleno de naturaleza, no tan habitual o “mishhtico” (comparado con Machupichu) y que estaba dentro de mi presupuesto.

Con mis ojos cuadrados por tanto computador, mis pulmones llenos de aire santiaguino, sumado a mi despecho y ganas de hundirme en la naturaleza (sin misticismo entremedio), Galápagos se transformó en mi foco. Dubitativa, como siempre, lo conversé con la Nico (por favor, o se imaginen una conversación seria, sino a lo cabra chica gritona, como corresponde) y decidí hacerlo, como algo espontáneo …¡¿y qué tanto?!

Historia en galápagos

El inicio

La verdad, no planeé mucho el viaje. Busqué por google qué visitar y si se requería algo extra, pero de forma muy general. Como mi madre se sumó al viaje, lo único a lo que le di mayor atención fue al alojamiento. Soy sincera al decir que muuuuy al principio hubiese viajado sola, pero lo mejor fue haber viajado con ella. Ahora bien, cuando viajas con tu madre no puedes dormir en cualquier parte, por lo que en primera instancia reservé un lugar antes del viaje. Sin embargo, acercándose la fecha de partida, decidí cambiar y reservar 3 lugares en vez de uno solo para aprovechar mejor el tiempo en las islas y menos en traslado. Esto, porque Galápagos es un archipiélago y cuenta con tres islas principales que son Santa Cruz, San Cristóbal e Isabela, siendo el recorrido de 2 horas en bote desde Santa Cruz a cualquiera de las dos islas, lo que serían 4 horas de viaje en total…demasiado mar para un día.

De Santiago a Galápagos no fue complejo. El vuelo (y solo el vuelo) son unas 6 horas de viaje. El tema es que los tiempos de espera son terribles. Salimos a las 5 de la tarde. El avión aterrizó en Quito a la medianoche y el vuelo a las Islas salió cerca de las 6 de la mañana. Como imaginarán, ninguna gracia esperar en el aeropuerto en la madrugada. Al menos hay una cafetería abierta con internet y un lugar para comprar nueces o dulces. Ahora bien, a las 4 de la mañana empieza el movimiento para viajar, ya que los ecuatorianos cuidan mucho de la reserva, por lo que hacen una revisión a tu maleta, te piden una declaración fitosanitaria (algo así como lo que pide el SAG cuando uno ingresa al país). Si uno no está atento hay que esperar una fila más o menos larga. Luego de eso, nos embarcamos y en dos horas llegamos a la Isla de Baltra.

Baltra, según mi opinión, no tiene ningún brillo. De ahí nos fuimos directo a Santa Cruz, en un camino lleno de verde y cielo nublado (viajamos en octubre). En algo más de una hora ya estábamos en Puerto Ayora, ciudad principal de la Isla. El bus nos dejó muy cerca de nuestro alojamiento. Llegamos allá, nos entregaron las llaves y nos mostraron la habitación, hasta que abrieron el baño… Qué horror… un olor a alcantarilla… Obviamente, pedimos que nos limpiaran la habitación, mientras que nos escapábamos a comer y recorrer. En la isla visitamos el Centro de Investigación Charles Darwin y las Grietas.

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El camino a la reserva es bonito, pero encontrar una tortuga resultó como buscar a Wally. Habían pocos animales, lo cual fue un poco triste. Como era domingo el lugar estaba cerrado, así que no pudimos preguntar mucho. Luego fuimos a las Grietas. El camino es bello, mucho más que las grietas en sí, ya que había mucha gente. Regresamos al anochecer, cansadas, con ganas de una cama y nos prepararnos mentalmente para levantarnos a las 6 de la mañana con rumbo a San Cristóbal.

Para ir de una isla a otra los botes ya tienen un itinerario. Salen en la mañana y medio día, para devolverse no más allá de las 5 de la tarde. Luego de eso ya no salen, porque las marejadas son fuertes. Nuevamente nos revisaron los bolsos. Es que esta gente se preocupa que no ingrese nada a las islas que afecte la diversidad (incluso entre islas) y eso me encanta.

El viaje a San Cristóbal fue más de lo esperado. Sé que es tonto decir esto, pero no consideré cómo sería el viaje entre islas. El tema es que mi madre le tiene pavor al mar y por mi parte me mareo en viajes sinuosos. Más encima, tal como en el experimento de Pavlov, el olor a vainilla o ese olor nauseabundo de silicona para vehículos me dan náuseas (probablemente tiene vainilla). Entonces y para colmo de males, una chica se puso un perfume con olor a vainilla tan penetrante que me sacó el desayuno del estómago y estuve con mareos casi todo el día hasta que me comí una de las mejores naranjas de la vida.

San Cristóbal, naranjas salvadoras, lluvia, lobos yogis y Darwin

¡Por fin en San Cristóbal! Casi beso la tierra al llegar, pero me sentía todavía mareada para ello. En la isla seguimos la sugerencia de la agencia y rentamos un taxi. Por $60US fuimos al Sombrero Chino, pasamos por una bahía y Tijeretas. Un tour sale por $80US, no paseas por tantos lugares, pero aprendes mucho más, así que ojo con eso. En todo caso, no me quejo de la elección, porque mi idea del viaje fue conocer y pasear sin nada muy estructurado. Prefería gastar en un tour en Isabela. A parte, el dueño del taxi fue lo más amable que hay. Hablamos de la vida en San Cristóbal, nos comentó de las comidas y nos compró fruta. Les prometo, fue una de las mejores naranjas que he probado. Su sabor es un poco al jugo envasado, pero natural. Tal vez me gustó porque estaba aún mal del estómago ¡pero les prometo que fue el mejor remedio!

Fue increíble ver cómo cambia el clima en esa zona. Primero fuimos en dirección a la Laguna el Junco. Como se encuentra en la “Sierra”, la altura hace que el lugar sea más frío y lluvioso (si no me creen, pueden ver las fotos más abajo). Nos mojamos completamente, pero hacía frío. Una vez en la cima vimos a lo lejos las fragatas volar y apreciamos los humedales a los pies del cerro ¡Muy bello!

Luego fuimos al Puerto Chino. Es una playa de arena blanca, agua color turquesa y por supuesto lobos marinos, como amos y señores del lugar.

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Después de eso fuimos al otro lado de la isla, dirección Tijeretas donde se encuentra el monumento de Darwin, fuimos a la playa. Ahí fue mi primer encuentro con una iguana de agua. No lo tomen a mal, pero son feos, si se compara con un cachorro. Sin embargo, su encanto es por ser asombrosamente reptilezcos. Su color y forma se mimetizan con el de las rocas, como si hubiesen salido de las piedras. Precisamente ese mimetismo, su capacidad de evolucionar y ser parte de su entorno es lo que me fascinó, aún más que la loba haciendo yoga.

Y ese fue nuestro viaje a San Cristóbal. Nuevamente 2 horas de viaje por el océano, ya no tan mareadas. Para reponernos fuimos a la calle de los Kioscos, pues decían que la comida era más barata y se come como local. Fuimos donde Renato, aunque el guía nos había recomendado otro, pero estaba cerrado. Renato tenía buenas recomendaciones por internet, pero la comida no tuvo ningún brillo y era solo uno o dos dólares más barato que el Garrapata. Por eso, recomendación, si van a comer afuera vayan al Garrapata, es un buen lugar. Pagas por lo que comes.

Isabela, la isla con forma de caballo de mar

Día siguiente, Isabela. Francamente subirme a un bote no era lo que quería en ese momento. Perdonándome la expresión, mi único consuelo sería que no tendría que subirme a un bote por un par de días. En Isabela llegamos a “La Tortuga”. El lugar y los dueños fueron geniales. Nos esperaban en el puerto para ayudarnos con las maletas (algo que no esperaba). La habitación amplia, súper limpia y muy bien ubicada. Llegamos felices, nos acomodamos y salimos a recorrer.

Isabela es enorme, la isla se asemeja a un caballo de mar. Hay mucho que ver y aquí sí que hay tours por los que vale la pena pagar. Aunque también hay cosas que se pueden hacer gratis, como recorrer. Con mi madre partimos al muro de los lamentos, que es una fortificación hecha por prisioneros. Este queda literalmente en la punta del cerro. Fuimos a eso de las 2 de la tarde y regresamos a las 6. El trayecto dura eso y no recomiendo hacerlo más tarde, porque te pilla la noche y la marea sube tapando varias partes del camino.

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¡Camino al muro nos encontramos con iguanas y tortugas en su ambiente natural! Fue bello solo por verlos así. El camino también tiene su encanto per se, pero es un largo trecho. Yo estaba cansada, al igual que mi madre. Me preocupaba ella, porque tiene un problema en su rodilla, pero ella a pesar de todo seguía y seguía caminado. Me decía “no vine de tan lejos para no llegar a la cima”. ¡Es mi ídolo!

Esa tarde pasamos a comer al Cafetal. Nuevamente, buscando en internet salían buenas recomendaciones del lugar y le apuntó medio a medio. Comida muy rica, bien preparada y nos atendieron genial.

El mejor día

No les voy a mentir, ya ha pasado casi un año desde mi viaje. Todo lo que escribí antes de este párrafo lo hice el año pasado y aún me queda lo mejor por contar… ¿¿por qué?? ¡¡¡Porque fue mi cumpleaños!!! Al margen de haber sido un viaje para pasar mi pena por no haberme ido a estudiar, por el wanderlust, claramente aproveché que mi cumpleaños cae cerca de un feriado para viajar.

Ese día estaba complicada por cosas de trabajo que estaban inconclusas y que debía mandar para cumplir con los plazos a una postulación. De verdad estaba preocupada, pero aún así traté de enfocarme en lo que teníamos para ese día. Para mi cumpleaños decidimos hacer snorkel en Los Túneles. Dicen que es el mejor lugar para hacer snorkel, pues hay de todo. Sinceramente, no sé cómo es en otros lugares, ya que solo ahí hicimos snorkel. A propósito, no les dije que no sé nadar, ni mi mamá (tampoco olviden el terror al mar de mi madre). El amor de madre debe ser muy fuerte ya que me acompañó es este tour.

Luego de 2 horas de viaje en bote llegamos al lugar. Entre los que manejaban el bote nos ayudaron con mi mamá, de no muy buena gana, pero lo hicieron. ¿Qué les puedo decir? ¡¡QUÉ MEJOR CUMPLEAÑOS!! Vi tortugas marinas ¡son enormes! Un par de caballitos de mar, tiburones (herbívoros), peces de colores y para rematar ¡¡¡PINGÜINOS!!! Para todos aquellos que me molestaban por ser de la Patagonia (Coyhaique) diciéndome que hay pingüinos, cuando NO LOS HAY (al menos en mi región), me encuentro con esta sorpresa (mi cara lo dice todo).

Almorzamos en el mismo bote y luego paseamos por los túneles. Se llaman así por las cavidades. Lo que pasa es que Galápagos es el resultado de muchas erupciones volcánicas y una de sus marcas es este lugar. Es bello. Vi albatros, esos de patas azules color bebida energética y plantas que crecen en la mitad del mar. ¿Lo mejor del tour? Fue ver a mi mamá haciendo snorkel. Esa es una mujer a toda prueba y es mi mamá 😀

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Llegamos relativamente tarde y partimos a cenar. Esta vez fuimos a Los Delfines. El lugar también estaba bien catalogado, pero recuerdo que no me gustó para nada, el menú pobre. Pedí un pollo y estaba súper aceitoso. Ya con eso no quería ni torta ni nada: decepción (también fue de mañosa, para qué mentir). Volvimos a La Tortuga, pero después de un rato mi mamá me convenció para salir por un pastelito de cumpleaños.

Fuimos al Cafetal, pero estaba cerrado, así que nos fuimos al Faro. No ¡tenían nada de pastel! Así que resignadas, estábamos eligiendo algo para tomar y en eso escuchamos “¡hola chilenas!” Era el dueño del Cafetal que estaba en la mesa del frente. El día anterior le habíamos hecho el comentario de mi cumpleaños, y como se acordó, hizo que me cantaran el cumpleaños feliz. La niña que nos estaba atendiendo al darse cuenta me ofreció preparar un brownie. Yo ni tonta le dije que sí, pero lo que no sabía es que ese preparar el brownie significó tener que ir a comprar los ingredientes. Me di cuenta de ello cuando la vi salir y luego regresar con bolsas con harina y otras cosas para prepararnos el trago que habíamos pedido. El brownie no estaba delicioso, pero nunca NUNCA un completo extraño se ha tomado tantas molestias conmigo y se agradece enormemente.

Al día siguiente volvimos a Santa Cruz. Esta vez nos quedamos en “Zurisadai”. Está a unos 10 minutos del centro. Lo elegí, porque tenía mejores recomendaciones que el Cormorant. Considerando que la impresión de la cachetada del olor a baño del primer lugar era difícil de olvidar, nuestra experiencia en el Zurisadai nos dejó con ganas de volver al Cormorant. En primer lugar por la ubicación: mejor imposible. En segundo lugar, llegamos al lugar y nadie nos abría. Hubo mala comunicación, porque el dueño creyó que nosotros veníamos del aeropuerto y como era tarde, pensó que no íbamos a llegar ese día. El hijo nos abrió y tuvimos que esperar como media hora antes de entrar a la habitación. Luego, tuvimos problemas con la reserva. Habían 2 habitaciones reservadas, en vez de una. El dueño insinuó querer cobrarnos por las 2, pero luego de hablar con booking para que se aclarara el enredo, quedamos todos conformes. Yo pagué por una habitación y él no perdió dinero por la reserva mal hecha.

En la pieza estaba casi todo bien hasta que vimos arañas. ¡No una, como 3! Estaba lleno de telas de arañas, el baño sucio, maaaal. Hablé nuevamente con el dueño y nos cambió de habitación. Con ganas de una ducha, mi madre se fue a lavar y rompió el dispensador del jabón. Menos mal que lo pudimos arreglar. Pero ya era mucho. Pasamos el mal rato en el centro de Puerto Ayora y fuimos a la Galería Aymara. Es bella, es cara, no es para ir a comprar llaveros, pero si quieres algo que puedas usar y recordar así el viaje, vale la pena ir. Luego de eso, al Garrapata, nos tomamos un helado en la calle de los Kioscos y a dormir.

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Último día

Finalmente el último día en Galápagos. Dormimos pésimo. Arreglamos nuestras cosas y nos pusimos a conversar con los dueños. Al término del desayuno, ordenando las cosas, mi mamá se percata que perdió sus lentes o algo así. Solicito ir a la otra pieza para ver si están allá y cuando salgo veo al dueño hablando con una china. Él me pregunta si hablo inglés para hacer de intérprete y yo le dije que sí. Entonces, la chica me cuenta que ella había estado en este lugar con su amiga y quería saber si tenía una habitación disponible, porque quería quedarse en el lugar con el que estuvo con su amiga la última vez. Sí, la última vez, porque hacía más de 10 días que la amiga HABÍA DESAPARECIDO!!! En un tour de buceo,p la mujer se alejó del grupo y no la volvieron a encontrar.

La niña -al borde del llanto- me decía que lo más probable es que ya no la encuentren y que su familia viene en camino. ¡Quedé de una pieza! Me dejó súper apesadumbrada y todavía me da pena que un viaje que debiese ser para disfrutar y recordar con cariño (así como mi experiencia) terminara de la manera en que fue para ellas. Luego en Santiago, traté de comunicarme con esta niña por medio del dueño del hostal, pero no resultó y en las noticias, salvo una publicación, después no se supo nada más… una pena.

Apuradas nos fuimos al aeropuerto. Tomamos un taxi por 2 dólares hasta la estación de buses. Ahí tomamos el bus al aeropuerto. Llegamos a buena hora y partimos rumbo a Chile. Para los lectores, si creen que esto terminó aquí, error. Todavía me falta lo último por mencionar y puede que sea de utilidad pública. Les mencioné que los sancudos nos picotearon enteras ¿verdad? Pues resulta que durante el vuelo, esas mismas picaduras se inflamaron de manera impresionante. Yo la saqué barata, pero lo que es mi mamá ¡tenía la cara desfigurada! A tal punto que entre Quito y Guayaquil no nos querían dejar viajar y el vuelo se atrasó media hora esperando un médico. En Guayaquil compramos algunas pomadas y un antialérgico. Nos explicaron que por los cambios de presión en los aviones este tipo de reacciones son normales y que había que esperar. Así fue, pero la cara de mi mamá dudo que se me olvide. Moraleja, lleven repelente, crema para aliviar las picaduras y anti-alérgicos.

Eso les puedo contar. Espero no haberlos aburrido.

Historia en galápagos

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Y bueno, luego de este relato tan completo, espero que se hayan motivado a visitar Galápagos, o hayan sacado buenas ideas de qué hacer, a dónde ir y a dónde no ir, jajaja. Si tienen dudas, pueden dejarlas en los comentarios y junto a la Consu iremos respondiendo (en la medida de lo posible, porque una locura la llevó a irse a vivir a Dinamarca).

Un abrazo, viajantes. ¡Hasta la próxima!

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Comments (1)
  1. Yuri Huanca octubre 13, 2016

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