La primera aventura: Cusco, Perú (Parte III)

Disclaimer: Mi relato acerca de Cusco está dividido en 3 partes. Esta es la tercera, que habla de Aguas Calientes y Machu Picchu. La primera parte abarca el comienzo, el viaje, y la ciudad de Cusco; mientras que la segunda parte habla del Valle Sagrado (Moray y las Salineras de Maras) y Ollantaytambo. También hay una parte “bonus” que entrega un itinerario, tips, y detalles de los gastos.

Cusco, Perú: Mi primer viaje sola (parte III)

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Aguas Calientes – Perú

Aguas Calientes.


(También conocido como Machu Picchu Pueblo). El viaje en tren desde Ollantaytambo hasta Aguas Calientes  dura aproximadamente una hora y media. Hay que considerar que, si no quieres caminar, esta es la única forma de acceder al pueblo. Dicen que «el camino del Inca» es precioso, en todo caso. Pero ya he dicho que mi condición física (de sedentaria y floja) no me lo permitía. Así que pagué el ticket de tren más barato que había, asumiendo el costo de mi debilidad. De todas formas, el trencito es igualmente de lujo, sólo que hay unas opciones de súper lujo y ultra lujo que cuestan un ojo de la cara.
Al menos en mi «cabina económica» todo era de primer nivel, se veía bien cuidado y limpio. Si hasta te daban una colación para pasar el rato. Y bueno, está demás decir que la vista por la ventana es lindísima, ya que vas transitando entre montañas llenas de vegetación, súper verde y súper místico también.

Llegué a Aguas Calientes, seguí mi mapa hacia el hostal que tenía reservado, dejé mis cosas, comí, e hice lo único que se puede hacer allí: ir a los baños termales. La verdad es que «Machu Picchu Pueblo» está armado para el turista y gira completamente en torno a él (no así Ollantaytambo, por ejemplo, y por eso tiene una mejor mística). Entonces lo único que puedes hacer es comer, beber, comprar artesanías, sacar fotos, ir a los baños termales e ir a las ruinas de Machu Picchu. Cuando digo comer es COMER; y cuando digo comprar es COMPRAR. El lugar está lleno -plagado- de restaurantes y tiene una feria artesanal enorme. Es cierto: es un lugar turístico que funciona todo el año, por lo que la gente sí vive ahí y hace su vida ahí, y entonces sí hay colegios para los niños y también hay supermercados y quizás alguna farmacia; pero todo eso está escondidísimo porque lo que está a la vista es para el turista.

cusco primera aventura solaSinceramente, los baños termales no me gustaron mucho (opinión personal). Desde el lugar donde pagas el ticket de ingreso, hasta la entrada misma a los camarines y piscinas, debes recorrer una especie de santuario natural que sí es bien lindo, porque tiene una vegetación algo diferente a lo que ya había visto en el viajecito en tren. Todo esto es porque vas bordeando el río Urubamba y es todo más húmedo. Entonces la vegetación es más «tropical». Pero bueno, las piscinas en sí no tienen mucha gracia. Sí es agua caliente y sí puedes relajarte ahí, pero resulta bien difícil porque, al ser la única atracción del lugar, siempre está lleno.
En la única piscina a la que entré -porque las otras estaban repletas- me quedé conversando con una señora alemana que no hablaba bien inglés y entonces era divertido porque yo tampoco tengo un inglés perfecto que digamos. Fue una buena conversación, después de todo, respecto a los sueños por cumplir y el hecho de viajar sola (ella también andaba sola).

**Después, de vuelta en Santiago, me enteré de que a unos kilómetros más allá de Aguas Calientes habían otras termas, más bonitas, más naturales y menos turísticas. Quienes estén interesados me pueden pedir el dato 🙂

Terminé el día buscando un restaurante que se viera bueno, bonito y barato, y después me fui a la cama temprano porque el plan era, al día siguiente, tomar el primer bus a Machu Picchu para lograr ver el amanecer desde la montaña.

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Machu Picchu lluvioso – Perú

Machu Picchu.


4:30 am y llueve en Aguas Calientes… ¡No lo puedo creer! Llevo una semana en este país y todos los días me habían tocado soleados, menos hoy, ¿es broma?. Me levanto de todas formas con la esperanza de que escampara pronto, y voy a tomar desayuno. Mi hostal, en la parte del comedor, tenía una gran vista a las montañas, así que me comí mi pan con mermelada y me tomé mi agua de coca viendo llover de lo lindo.
No escampó y aborté la misión. Volví a la cama. Me desperté como a las 7:00 am y seguía lloviendo. Maldita sea. No sabía qué hacer. Busco posibilidades y recuerdo que mi ticket de tren para volver a Cusco salía a las 16:00 hrs., y antes tenía que almorzar, por lo que tampoco podía extender TANTO tiempo mi visita a las ruinas.
Me hice el ánimo -de mala gana- y salí a caminar bajo la lluvia, en dirección a la parada del bus… y no, nunca paró de llover.

El bus en realidad es un minibus que te sube a la montaña. Llegas a la parada, haces la fila, y van llegando los buses: se llenan y se van (no es como que haya un horario para cada salida). El ticket se paga en dólares. Si quieres ahorrártelo entonces puedes subir caminando: son escaleras interminables entre la selva de la montaña. Yo, como dije arriba, no tenía la condición física para ahorrarme estos pesos.

El trayecto es bonito pero aterrador. Es que el bus se va rapidísimo y toma las chorrocientas curvas de memoria (imagino que los conductores llevan años haciendo el mismo camino de subida y bajada). De repente vas doblando y te encuentras de frente con el bus que viene bajando y tú no entiendes cómo no moriste ahí mismo.

Al llegar, como andaba sola me tomé mi tiempo y fui a mi ritmo. Subía tres peldaños de escalera y me cansaba y tenía que sentarme. Muchos viejitos me miraban, se reían y seguían subiendo. Otras personas me daban ánimo. Desde que pisas esas tierras sientes la energía del lugar y te das cuenta que todos andan felices, a pesar de la lluvia, solidarizando con el de al lado, conectándose con el otro. Al menos eso sentí yo y quizás sí fue solamente a causa de la lluvia, porque he escuchado a otros viajeros que no disfrutaron mucho su visita a la ruinas porque el lugar se llena de turistas antipáticos.

No detallaré todo lo que vi y todo lo que caminé, es mejor que lo vivan ustedes. Sin embargo, quiero rescatar que, a pesar de que jamás esperé que lloviera en mi visita a Machu Picchu, eso hizo que viviera y sintiera mi viaje de una forma totalmente diferente y, quizás, mucho mejor. Terminé completamente mojada, pero feliz.

La foto es de Maitencillo - Chile, pero esas son las botas de las que hablo

La foto es de Maitencillo – Chile, pero esas son las botas de las que hablo

Llegué a mi hostal, me duché, me puse el pijama (porque el resto de la ropa la había dejado en Cusco), fui al restaurant del hostal, almorcé ahí mientras escuchaba llover y me puse a whatsapear con mi mamá. Lo anecdótico aquí es que, como no tenía nada seco aparte del pijama, iba a devolverme a Cusco con sandalias pero mi mamá no me dejó. Así que tuve que salir -siempre en pijama- a sacar plata de un cajero automático, para luego ir recorrer la feria artesanal y comprarme zapatos. Nunca en la vida me habría comprado unas botas como las que me compré, pero no tuve otra opción. Lo lindo, es que con el pasar del tiempo esas botas se han convertido en mis favoritas, y las llevo a todas partes como símbolo de mis viajes. Son el ejemplo vivo de que los planes pueden cambiar y eso es lo mejor de viajar sola.

El regreso.

Fui y tomé mi tren de regreso a Cusco. Iba en pijama pero no me importaba (tampoco se notaba mucho). El viaje de 3 horas se me hizo eterno, considerando además que los asientos no son reclinables y entonces dormir ahí no es muy fácil.
El tren, además, no llegaba a Cusco, sino que a Poroy, un pueblo como a 30 minutos de la ciudad. En la estación de destino, entonces, busqué a alguien que estuviera en mi misma situación para así negociar con algún taxista para que nos llevara más barato. Me encontré con una niña (no recuerdo su nacionalidad, pero era rubia) (jaja, como si eso significara algo) (recuerdo sí que hablamos en inglés) y nos fuimos.
El taxi me dejó en la plaza de armas de Cusco, así que crucé la plaza -en pijama siempre- con mi mochila al hombro y caminé hasta el hostal. Cené allí, dormí hasta el otro día, y me levanté muy temprano para tomar mi vuelo de regreso a Chile.

Bien. Si ahora quieres leer los detalles de qué hacer, dónde dormir, dónde y cuánto gastar, puedes entrar aquí.

Espero sus comentarios y anécdotas. ¿A alguien más le llovió estando en Machu Picchu? ¡Saludos!

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Viajando Lento por Nicole Etchart Opitz se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.